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Los mejores escritores de haikus

Decía el el gran maestro Matsuo Bashō (1644-1694): “Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”. En una época en que las redes sociales han hecho que lo que vivimos en el presente sea casi lo más importante, esta suerte de poema corto japonés se convierte, sin lugar dudas, un instrumento perfecto para evocar sentimientos.

 Yatsushi kikujidō de Harunobu Suzuki para ilustrar el post de haikus de amor

Descubre a los haikus y sus mejores escritores, trasládate a sus poemas y disfruta... 

Qué es el haiku

En Japón, al contrario que en otras culturas, el jaiku -sí, también lo encontramos escrito así en español- es un instrumento literario del que cualquier japonés hace uso para exteriorizar las emociones que una visión fugaz, un segundo mágico o el asombro que siente ante la contemplación de lo que lo rodea. No es extraño si tenemos en cuenta que el haiku bebe de diversas doctrinas y filosofías que marcan la cultura de este país como el budismo (la realidad última está más allá de las palabras), taoísmo (principio de espontaneidad), confucionismo (hay que entender el significado de las cosas para desvelar el significado de la naturaleza) y el zen (la iluminación inmediata). 

Ryōgokubashi no sekisho y Risshun son ilustraciones de Harunobu Suzuki para este post sobre haikus de amor

Estructura de los poemas

Su estructura es sencilla, normalmente, 17 moras o ji-on, que no sílabas, divididas en tres versos de 5/7/5, aunque no es rígida, puede variar algo. Los más tradicionales evocan siempre una estación del año a través de su nombre o de palabras que la rememoran, pero sobre todo es el aware o mono no aware el que está siempre presente, esa agitación efímera que produce la observación del arte, la belleza, la naturaleza o la vida.

Y si queremos ampliar conocimientos sobre él, no queda más remedio que acercarse a El haiku japonés. Historia y traducción de Fernando Rodríguez-Izquierdo, un manual imprescindible en español para empezar comprenderlos.

Secchū aiaigasa y Yatsushi kusazuribiki son ilustraciones de Harunobu Suzuki para ilustrar este post sobre haikus de amor

Los mejores escritores de haikus clásicos

No están todos los que son, pero sí que estos son algunos de los nombres que deben buscarse a la hora de leer y descubrir autores japoneses de haikus. 

1. Arakida Moritake (1473–1549)

Se le considera el gran precursor del haiku a través del haikai no renga. que alcanzaría su esplendor con Bashō. Era un sacerdote sintoísta en el templo Interior de los Grandes Santuarios de Ise (Ise Jingu), cuyo padre era monje suplicante y su abuelo un renombrado escritor. Se inspiró en el pasado, la naturaleza y el sintoísmo para dar forma y vida a sus poesías.

 

¿Una flor caída
volviendo a la rama?
Era una mariposa.

 

Rakka eda ni
kaeru to mireba
kocho kana

 

2. Matsuo Bashō (1644–1694)

Considerado el mayor poeta de haikus de todos los tiempos. Definió este estilo poético y le dió lugar en en la historia de la literatura, además de ser el gran referente para cualquier haijin que se precie. Nacido y educado como samurái, con 23 años, a la muerte de su señor, se formó en clásicos japoneses y chinos, y las doctrinas del Zen. Así, vivió en la pobreza para preparar su cuerpo y espíritu para la creación literaria: asceta, peregrino y viajero. Eligió el haiku buscando una mayor trascendencia para su poesía “que consistirá simplemente en cantar lo ordinario y lo inmediato, pero en comunión de vida con el poema una intuición de la naturaleza de objeto y sujeto”, dijo. Bashō acerca al lector a la naturaleza, sin destruirla, porque el haiku es un camino de vida (haiku no michi). Creó una escuela que duró hasta 1742.

Un viejo estanque;
al zambullirse una rana,
ruido del agua.

 

Furuike ya
Kawazu tobikomu
mizu nooto

 

3. Uejima Onitsura

Fundador de la escuela Itami, puso en lo más alto a los haikus junto con Bashō y, como él, pertenecía a una familia noble samurái. Uno de sus mayores logros fue la introducción de expresiones coloquiales en sus poemas, en los que también refleja un gran amor por los animales, especialmente los más pequeños. Cinco años antes de morir se convierte en bonzo (monje budista) y deja de escribir.

Sueños sin rumbo;
en páramos quemados,
la voz del viento.

 

Kakemeguru yume ya
yakeno no
kaze no oto

4. Fukuda Chiyo-ni (1703–1775)

Considerada la mayor poetisa de haikus de todos los tiempos, aprendió con Shikoo, uno de los llamados “Diez filósofos” de la escuela de Bashō, y luego con Rogemboo. Destaca por mostrar emociones muy puras y una gran delicadeza en las que aúna la naturaleza y la humanidad. En el crepúsculo de su vida, ya viuda y tras la muerte de sus padres, se convirtió en monja budista. 

Capturado mi pozal
por la flor de asagao, 
salgo a pedir agua.

 

Asagao ni
tsurube toratete
morai mizu

 

5. Yosa/Taganuchi Buson (1716–1783)

Pintor y poeta lo que marcó su trabajo en ambas artes. Amante esposo y padre. Buson consideraba que el haiku era expresar en lenguaje normal la filosofía poética intrínseca a todo aquello que está bajo las estrellas y su principal punto fuerte era que mostraba la belleza del mundo que le rodeaba con el pincel de pintar y con el de escribir. El filólogo Donald Keene diría: “Trajo al haiku una calidad romántica que faltaba en el de Bashō”. 

 

Al oscurecerse el monte, 
arrebata el granate
de las hojas de arce.

 

Yama kurete
momiji no shuu wo
ubai keri

 

6. Ryōkan Taigu (1758-1831)

De nuevo surge una pluma destacada de un niño criado en una familia samurái, aunque a los 18 años ingresara en un monasterio zen como monje. Allí se cultiva en la religión, pero se convierte en maestro en literatura y caligrafía -las muestras de estas últimas que se conservan son muy admiradas en la actualidad-. Tras diversas vicisitudes termina de eremita en durante dos décadas, básicamente porque no quería someterse a reglas de un convento. Su poesía revela las dos grandes pasiones de Ryōkan, la naturaleza y los seres humanos. Vivió de forma frugal, en armonía con su entorno, dedicando su amor a los niños, en la última etapa de su vida se enamoró y todo ello forma parte de su trabajo. 

 

¡Yerbas de otoño, 
enseñadme el camino 
que he de seguir!

 

Hagi susuki
waga yuku michi no
shirube seyo

 

7. Kobayashi Issa (1763–1827) 

Pese a que su infancia estuvo plagada de malos tratos, muchos de ellos físicos, su obra es de gran humanismo y ternura, ama el mundo que le rodea y lo refleja. Se inició en el haiku de mano de su abuela, aunque su trabajo quedó marcado por la escuela en la escuela Katsushika. Lejos de la capacidad de aceptación de la vida de Bashō, Issa muestra una gran rebeldía ante los avatares de la vida, lo que le da a su trabajo una visión melancólica, espontánea, natural e incluso de sufrimiento que se enfrenta con los convencionalismos del haiku. Utiliza los pequeños animales para hacer referencias autobiográficas de su vida, muchas de ellas dramáticas, ya que perdió cinco hijos y a primera su esposa. Se le considera un poeta del destino.

 

Vente conmigo
de una vez a jugar, 
gorrión sin padres.

 

Ore to kiete
asobe yo
oya no nai suzume

 

8. Masaoka Shiki (1867–1902)

Nace un año antes de la Era Meiji y como no podía ser de otra manera su trabajo es influenciado por occidente. Se especializó en la universidad de Tokio en el haiku clásico, inicia la escuela Nihon en la que alienta la libertad poética frente a las normas y la tradición, entre sus méritos está la publicación Bashō zatsudan (En torno a Bashō), que es un escrito en el que revisa el papel del poeta más amado por los japoneses, y sus investigaciones en Yosa Buson. Articulista y periodista proclama la doctrina de la objetividad o shasei ron pero con trazas de sentimiento. Y en su trabajo aletea la sombra de la parca que siempre le rodeó como enfermo de tuberculosis que era. Preso de este lúgubre sentimiento, lucha haiku a haiku por la libertad de su espíritu, porque la del cuerpo no puede dominarla. 

 

La escuela de la alondra 
y la de la rana
discuten sobre el canto. 

 

Hibari-ha to
kaeru-ha to
uta no giron kana

 

9. Natsume Sōseki (1867–1916)

Nacido en una familia de samuráis, terminó adoptado por uno de sus sirvientes. Estudió filología en la universidad y fue amigo de Masaoka Shiki que fue quién le inició en los haikus. Tras su iniciación poética adoptó su seudónimo, sōseki (terco en chino). Aunque es más conocido como novelista que como poeta, su trabajo con ellos es renovador, modernizador, como el de su maestro Shiki. Publicó todos ellos en revistas y periódicos y se caracterizó siempre la evocación a la naturaleza y a la inocencia donde la belleza, la eternidad, la ilusión, el deseo, los sueños y lo cotidiano se entrelazan 

 

Caen las flores
desmoronándose, sombras 
que van fluyendo.

 

Hana ochite
kudakeshi kage to
nagare keri

 

10. Ryūnosuke Akutagawa (1892–1927)

Creció en la familia de su tío tras la muerte de su madre que padecía una psicosis, la sombra de esta enfermedad le seguiría durante su infancia. Y, aunque es considerado uno de los padres del cuento o relato corto japonés -escribió más de 150-, a lo largo de su vida cultivó el haiku y compuso más de mil, como Sōseki dominó la narrativa y la poética. Se le considera un haijin de lo efímero, que quiere reflejar la inmensidad del universo, la naturaleza, frente a la existencia nimia del hombre; y siempre imbuye al lector en el detalle, de hecho, se califican de sensoriales, por su capacidad para hacer sentirlas al lector. 

 

Al calor del brasero,
en la ceniza escribo
un nombre de mujer.

 

Hai ni kaku
onna namae mo
hibachi kana

Origen de nuestra selección

El Día de San Valentín es, al parecer, el epítome del amor. Se menciona y, para bien o para mal, la iconografía del corazón surge en el imaginario popular a golpe del mantra "Día de los Enamorados". Es un buen momento para hacer un homenaje a la poesía haiku dedicada al amor. Para ello acudimos a uno de los pocos libros publicados al respecto en español:

Haikus de Amor

(2015), recopilados por

Elena Gallego

y Seiko Ota, ambas filólogas y especialistas en traducción y estos poemas. Entre sus más de 200 páginas dedicadas a la materia hemos recopilado nuestra selección.

 

Nos recuerda Gallego, en su introducción al libro, que José Ortega y Gasset decía en sus

Estudios sobre el amor

: “Según se es, así se ama”. Si vamos un paso más allá en la materia que nos afecta: “Según se es, así se entienden los poemas haikus”. Después de todo en su idiosincrasia reside que tiene tantas lecturas como lectores y su intrínseco carácter incompleto, que mana de su brevedad y vocabulario, permite diversas interpretaciones, en español o en japonés.

 

Portada del libro Haikus de amor de Elena Gallego y Seiko Ota de la editorial Hiperion

El amor en Japón, el amor en occidente

Parece evidente que la interpretación que se hace desde el punto de vista de los occidentales de estos textos nipones probablemente será bastante distinta de su lugar de origen. Hay que partir de la base de que, mientras Occidente fomenta la expresión de las emociones hasta límites insospechados -libros como

Sentimentalismo tóxico

alertan sobre este tema-, en Japón parten de una cultura social del entendimiento de los silencios, leer en aire, lo llaman. Gallego lo aclara de esta manera: “La idea de la confianza existente en el amor, que no precisa de muchas palabras ni explicaciones mutuas”.

 

Al neófito le ayudará a entender el tema de por qué no hay miles de poemas de amor de esta poesía -como cabría esperar- esta reflexión de la traductora española afincada en Tokio. “El haiku es la poesía de la naturaleza por excelencia, fiel reflejo del concepto japonés de ésta. Lo cual no quiere decir que sea el tema exclusivo del haiku, más bien, tratándose el amor de un sentimiento natural y el ser humano de una parte o prolongación del a naturaleza, es natural, valga la redundancia, encontrar haikus que expresa sentimiento aunque no es lo más habitual”.

Cuenta mucho más Gallego, lo que hace en imprescindible leer su introducción de este ejemplar para entender mejor qué tenemos entre manos cuando cogemos un libro tan delicado y, por qué no decirlo, amoroso. Y, si no hay amor en la vida del lector, no podemos olvidar aquello que dice el psicólogo Robert Epstein: “Un buen haiku hace maravillas con el alma cansada” y recomendarle que simplemente disfrute. 

Mimate Rajomón y Uzuki son ilustraciones de Harunobu Suzuki para este post de haikus de amor

Haikus de amor para el Día de los Enamorados

  • Tan Taigi (1716-84)

Primer amor.
Acercándose a la linterna,
cara con cara
Hatuskoi ya
tooro ni yosuru
kao to kao

 

  • Yosa Buson (1716-84)

Profunda melancolía.
El peine de mi esposa difunta
en el alcoba he pisado
Mi ni shimu ya
naki tsuma no kushi wo
neya ni fumu

 

Un amor inconcluso
he segado esta noche.
Sopa de pez globo.
Awaku koi
omoikiru yo ya
fugutu-jiru
  • Masaoka Shiki (1867-1902)

Al pisar sus huellas,
fragancia envolvente
del viento.
Sono hito no
ashiato fumeba
kaze kaoru
  • Natsume Sōseki (1867-1916) 

Queriendo volver
sin llorar,
ríete, cuco.
Kaeroo to
nakazu ni warae
hototogisu

 

Puesto a cantar
canta a la luna llena,
cuco.
Naku naraba
mangetsu ninake
hototogisu

 

A nadie puedo
confesar mis deseos,
de hilos embrollados.
Hito ni ienu
negai no ito no
midare kana

 

Nos encontramos,
ratos sin hablar,
bajo el ciruelo en flor.
Ai-oote
katarade suginu
ume no shita

 

Los dos juntos,
un pie cada uno
en el agua clara.
Futari shite
kata-ashi zutsu no
shimizu kana
  • Takahama Kyoshi (1874-1959) 

Él, una palabra,
yo, otra palabra.
¡El otoño avanza!
Kare ichigo
ware ichigo aki
fukami kamo

 

Anhelando a esa persona,
vívido crisantemo
silvestre.
Sono hito wo
koitsutsu yukeba
nogiku koshi

  • Taneda Santōska (1882-1940) 

Saliendo estrellas
un hombre y una mujer
Hoshi na atte
otoko to onna
  • Ozaju Hoosai (1885-1926) 

De la mujer que
se quitó su bufanda,
el blanco cuello
Erimaki wo
totta onna no
shiroi kubi da
  • Kubota Mantarō (1889-1963) 

En mi corazón
habita una única persona.
Ciruelo invernal.
Waga mune ni
sumu hito hitori
fuyu no ume
  • Sugita Hisajo (1890-1946) 

Asidero;
en la noche primaveral
brazos arrimándose.
Tsurikawa ni
shunya no kaina
shinawasete

 

En el camino seco
sombras sobrepuestas,
nos separamos.
Kareno ji ni
kage kasanarite
wakarekeri
  • Hashimoto Takako (1899-1963) 

Nieva fuerte.
Sin conocer otras manos
que las de mi esposo, muero.
Yuki hasgeshi
tsuma no te no hoka
sirazu shinu
  • Hino Soojoo (1901-1956) 

Manos de mi esposa
siempre junto a mí,
agrietadas.
Tsuma no te no
itsumo waga he ni
hibi kirete

 

No permite besar,
sus labios, es así.
Frío primaveral.
Kuchibiru wo
yurusanu hito ya
haru samushi

 

Frío matutino.
Huele a dentífrico
la boca de mi esposa.
Asasamu ya
hamigaki niou
tsuma no kuchi

 

En ausencia de
de mi esposa, su kimono de
siempre contemplo.
Tsuma no rusu
tsuma no tsunegi wo
nagamekeri
  • Ozu Yasujirō (1903-63) 

Un beso también
había en mi sueño.
Lluvia primaveral.
Kuchizuke mo
yume no naka nari
haru no ame

 

Conocí un beso
estando en este mundo.
Lluvia primaveral.
Kuchizuke wo
utsutsu ni shiru ya
haru no ame
  • Tsubouchi Nenten (1944) 

De su pelo
el aroma del cristal,
¡mi novia!
Sono kami no
garasu no kaori
koibito yo

 

El nabo nos gusta,
un matrimonio así
llegamos a ser.
Sangatsu no
matsubayashi nari
kisu wo sen

 

Créditos de las ilustraciones de Harunobu Suzuki

Yatsushi kikujidō 

Ryōgokubashi no sekisho 

Risshun

Secchū aiaigasa

Yatsushi kusazuribiki

Mimate Rajomón

Uzuki

Comentarios

Hace pocos años descubrí el universo de los haiku y mi vida cambió. Ahora escribo haiku y siento que al hacerlo es como si el latido de mi corazón obedeciera al ritmo de estos maravillosos y breves poemas.

Me apasiona esta poesía tan corta que deja grandes impresiones .

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