Nuestra página requiere tener JavaScript activado (aparte del uso de un navegador moderno) para poder ser visualizada correctamente.
Recomendamos la versión más actual de Chrome, Safari, Firefox o Internet Explorer.

Por favor, active JavaScript en su navegador y recargue la página.

Login / Crear cuenta /
1 Haz tu pedido 24h antes
de la entrega
2 Te lo preparamos
exclusivamente a ti
3 Te lo llevamos a cualquier
punto de España
0 / 0.00 € TEL: 918 336 405

Akira Kurosawa en cinco películas

Akira Kurosawa (1910-1998) dedicó su vida a hacer películas. Fue, ha sido, es y será un referente ineludible para los amantes del séptimo arte y el director de directores del cine japonés, por lo menos hasta hoy. Su biografía está plagada hechos, coincidencias y circunstancias que marcarían su forma de trabajar, que delimitaron, de alguna manera, su destino.

Akira Kurosawa en el rodaje de siete samuráis en 1953

La infancia siempre marca. Descendiente de un linaje de samuráis, tuvo una educación que denominó “formal”, más adelante diría que esta circunstancia le impidió -o eso pensaba él-, reflejar al pueblo en sus rodajes. Desde su niñez sintió una inclinación natural por la pintura que culminó estudiando Bellas Artes que respaldaría, como no podía ser de otra manera, en su obra cinematográfica.

Una sus influencias fundamentales fue su hermano mayor Heigo, admirador de la cultura occidental y del cine, unas querencias que transmitirá a Akira. También fue él quien le llevaría, con apenas tenía 11 años, a ver las consecuencias del terrible terremoto de Kanto; mientras paseaban no le permitió apartar la vista de los fallecidos y de la tragedia, algo que Kurosawa evocó con el tiempo como una lección para aprender a enfrentarse a sus miedos. Heigo, benshi de películas mudas, se suicidó cuando el cine sonoro irrumpió en las salas eliminando de un plumazo su medio de vida. Esta decisión de su hermano enlaza con el intento de suicidio de Kurosawa en los años 70: el desencadenante parece ser que fue el convencimiento de que había terminado su capacidad de crear y trabajar.

Ese amor y respeto por la cultura occidental que su hermano inculcó en Akira, se mantuvo a la lo largo del tiempo, incluso cuando no era políticamente correcta en su país y se convertiría en determinante para su carrera. Probablemente, parte de su éxito más allá de sus fronteras, se pueda relacionar con el hecho de la admiración que Kurosawa sentía y reconocía por artistas como Vincent Van Gogh, Fiodor Dostoievski, William Shakespeare o John Ford… y que de una u otra manera estaban reflejados en muchos de sus trabajos.

Fotograma de la película de Akira Kurosawa Rashomon

El éxito de Rashomon le permitió conocer a John Ford que le dijo aquello de “Sí que le gusta a usted la lluvia”, en una clara referencia a las escenas con aguaceros que salpican el filme. Y es que, en el cine de este director japonés, la meteorología tiene una fuerte influencia llámese nieve, lluvia, niebla o sol resplandeciente, después de todo, la naturaleza para él es el equilibrio. Se movía siempre entre el drama y la acción y estos eran elementos que utilizaba frecuentemente para dar fuerza a la historia o al estado emocional de los personajes. Tenía muchas más señas de identidad como rodar una misma escena con distintas cámaras para obtener un plano desde distintos ángulos o rodar repetidamente hasta obtener los planos deseados; además realizaba sus propios montajes, que gracias a su método de grabar las escenas, era tremendamente ágil.

Y, como no podía ser de otra forma, hubo altibajos profesionalmente, no tanto en la calidad de su trabajo -cuando no era magistral era sencillamente bueno- como en las opciones de rodarlos. En los años 70 sufrió uno de ellos que le llevó a intentar cortarse las venas. Curiosamente,  serían los rusos quienes le rescatarían al pedirle que rodara Dersu Uzala, que marcaría un renacer profesional de Kurosawa.

Ha sido y es un referente de muchos grandes directores en todo el mundo. En Europa Ingmar Bergman, Bernardo Bertolucci o Federico Fellini fueron seguidores suyos desde la llegada de Rashomon a las pantallas del viejo continente. Del otro lado del Atlántico Steven Spielberg, George Lucas, Martin Scorsese, Quentin Tarantino o Francis Ford Coppola se declararon sus incondicionales. De hecho, Spielberg y Lucas fueron determinantes para la finalización o realización de filmes como Los sueños de Akira Kurosawa (Yume, 1990). El director de La lista de Schindler dijo a su muerte que había sido: “El Shakespeare pictórico de nuestro tiempo”, mientras que Coppola señaló: “Lo que le distingue del resto es que él no hizo una o dos obras maestras. Hizo, ya sabes, como unas ocho obras maestras”. Su legado es en inconmensurable.

Elegimos algunos títulos para descubrir mejor al director:

Rashomon (El bosque ensangrentado, 1950)

Fue la película que le catapultó como director fuera de Japón y con ella ganó el Oscar a la mejor película extranjera y el León de Oro de Venecia. Rashomon marcó la irrupción del cine nipón en occidente. Está basada en dos relatos cortos del escritor Ryunosuke Akutagawa, Rashomon (1917) y En el bosque (1922) y el objetivo era, según explicó Kurosawa a los actores, la exploración de un hecho a través de diversas interpretaciones del mismo. De hecho, con el tiempo se hablaría del Efecto Rashomon que es la visión de un hecho a través de diversos testigos y testimonios con una información y narración divergente. Las  interpretaciones son espectaculares y la dirección artística de Kazuo Miayagawa incluía las primeras secuencias en las que había tomas directas al sol o el uso de espejos reflejando la luz del sol con las que conseguía que la luz “golpeara” a los actores. Un capricho cinematográfico.

Sinopsis:

El asesinato de un samurai y la violación de su esposa desde distintas perspectivas: la del guerrero -a través de un médium-, la de su pareja, la de un leñador y la de un sacerdote. Los relatos son distintos y el espectador ha de dilucidar cuál de ellos se acerca más a la verdad.

Ikiru (Vivir, 1952)

Protagonizada magistralmente por Takashi Shimura, uno de sus actores fetiche. Se inspira en La muerte de Iván Ilich (1886), de León Tolstoi. Aunque con Kurosawa, la inspiración es un estímulo, una idea de la que se parte. Por un lado, refleja una crítica a la vida funcionarial, por otro proporciona una visión de redescubrimiento y redención vital: todo un drama existencialista. Para el espectador se convierte en una reflexión entre vivir y vivir la vida, dentro de una de las especialidades del director, el melodrama social. Divide el filme en dos partes, una primera en la que se muestran los hechos de lo que sucede y una segunda, con el protagonista ya muerto, en el que en su velatorio se da una visión de su devenir antes de morir. El director elegirá, en esta ocasión, la nieve como fondo perfecto para mecer al protagonista que se siente morir.

Sinopsis: Un funcionario Kanji Watanabe descubre que está muriendo de cáncer de estómago y, tras la incertidumbre inicial, decide dar un giro a su vida haciendo algo por los demás que merezca la pena: la construcción de un parque.

Los siete samuráis (Shichinin no samurái,1954)

207 intensos minutos en las que el director redibujó el género de samuráis en su país -donde lideraría durante 30 años como filme más taquillero-. Se convirtió, además, en inspiración para cientos de películas de acción en oriente y occidente como Los siete magníficos (1970), por mencionar una. No en vano ha sido reiteradamente seleccionada como una de las películas más influyentes de la historia del cine. Con ella ganó el León de Plata de la Mostra de Venecia e incluyó en el reparto a sus dos actores favoritos, Toshiro Mifune y Takashi Shimura. Por contar alguna anécdota, el primero observó el comportamiento de los leones para desarrollar su personaje e improvisó diálogos con el consentimiento del director. Y, de nuevo, lluvia.

Sinopsis: Un grupo de aldeanos atemorizados por unos bandidos sigue el consejo de un anciano del pueblo y contrata a siete samuráis para defenderles, el único pago de recibirán será techo y comida, por lo que reunirán a un conjunto de ronin bastante variopinto.

Trono de sangre (Kumonosu-jô, 1957)

El castillo de las telarañas, traducción literal del título en japonés, es considerada por muchos la mejor adaptación que se ha hecho de Macbeth (1606) de William Shakespeare. Quizá porque Kurosawa, lejos de mantenerse fiel al texto, lo adapta al entorno cinematográfico y le resta teatralidad. Con este filme, el espectador es muy consciente de esa técnica del cineasta que consistía en eliminar una frase de guión siempre que fuera posible para dar fuerza a la escena y la interpretación, una reminiscencia de su amor por el cine mudo. Por otro lado incluye elementos estilísticos del teatro Noh a través de dos importantes elementos: los maquillajes y expresiones de los protagonistas Washizu y Asaji -que le dan una fuerza inusitada a las interpretaciones- y los tempos de la puesta en escena. Y sí, el leit motiv meteorológico vuelve, esta vez en forma de bruma o niebla. En resumen, otro imprescindible.

Sinopsis: Macbeth en el Japón feudal. Dos guerreros samuráis del siglo XVI vuelven de la guerra y se topan en un bosque con el fantasma de una bruja que les vaticina el ascenso al poder de uno de ellos. A su vuelta al hogar, incitado por su esposa, se pone en acción para convertir en ciertas las predicciones.

Ran (Caos, 1985)

Shakespeare de nuevo. En esta ocasión, El rey Lear (1604) o no, o no solo… Ya que Ran está afianzada también en la leyenda del daimyo Mori Motonari, del siglo XVI. En realidad, el beber de ambas fuentes reafirma aquello de que el Bardo es universal. A Kurosawa le tomó una década prepararla; comenzó a rodar con 75 años; gastó 12 millones de dólares de la época y realizó 862 dibujos durante 5 años para dar forma a la película antes de su filmación. Volvía al género jidaigeki (película de época), al convulso siglo XVI japonés para mostrar caos, violencia, venganza, ambición,  lujuria, envidia, odio… y todo ello de forma apabullante e hipnótica. Cuando la presentó en París dijo: "Ran es una tragedia sobre el poder, sobre la ambición y la estupidez de los hombres que luchan y guerrean". Dos actores sobresalen sobre el resto Tatsuya Nakadai como Hidetora Ichimonji y Mieko Harada como Lady Kaede. Y, aunque a menudo se menciona el teatro Noh en referencia a la puesta en escena es muy interesante la explicación que hizo Kurosawa sobre la misma; “La interpretación de los actores no está relacionada con el teatro clásico japonés. Los movimientos de los personajes están condicionados, pero no por reglas teatrales, sino por el formalismo y el código de la buena educación del siglo XVI. Todo estaba reglamentado, cómo sentarse, cómo moverse, dónde colocar el sable...". Un apunte meteorológico final, el viento será en esta ocasión la fuerza de la naturaleza que adelanta al espectador el caos.

Sinopsis: El anciano señor Hidetora abdica en favor de sus hijos Taro, Jiro y Saburo. Su acción desata el caos en un reino que ha tardado medio siglo en crear.

Créditos de fotos

Akira Kurosawa on the set of Seven Samurai.

Rashomon

Deja un comentario

Por favor, ten en cuenta que todos los comentarios deben ser aprobados antes de ser publicados.

Continuar comprando

Tu pedido

No tienes productos en tu comanda