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Haikus de guerra, dolor y valor en la poesía japonesa

No hace falta escarbar mucho en la historia de Japón para identificar a este pueblo por su pasado guerrero. Cuando decimos "samurai" parece que decimos el gentilicio "japonés". Así de profundamente ha calado su cultura de la lucha en el imaginario occidental, aunque hoy, al país del sol naciente, solo podemos reconocerlo por sus valores pacifistas

Entre la Primera Guerra chino-japonesa (1894-95) y la Guerra del Pacífico (1941-45) se vivieron tres conflictos más la Guerra ruso-japonesa (1904-05), la Primera Guerra Mundial (1914-18) y el Incidente de Manchuria (1931). Medio siglo turbulento en el que surgieron estos poemas que recoge el libro Haikus de guerra de Seiko Ota y Elena Gallego, una recopilación única sentimientos encontrados de valor, dolor… en los que ora se ensalza ora se rechaza el fragor de la batalla y sus consecuencias. Hay autores de todo tipo. Y damos algunas claves para comprender mejor esta excepcional temática:

Wakizashi del periodo Edo

Qué son los haikus de guerra

El samurai debía ser grande con la espada, bueno la katana, y con la pluma al igual que lo fueron aquí otros maestros de la letras como el manco de Lepanto. De la vertiente literaria de estos guerreros se conocen sus poemas de despedida o jisei na ku, aquellos que se escribían antes del seppuku. Más allá de ellos, el haiku de guerra es un rara avis como el que incluimos de Matsuo Bashō. Las verdaderas muestras de esta tendencia literaria surgen a principios del siglo XX como podemos leer en esta recopilación de la editorial Hiperión.

Hay un porqué. El haiku es una poesía de la naturaleza, para su creación debe haber un kigo o palabra de la estación con el que adquiere identidad y, sin embargo, ante todo el haiku es, ante todo, un instrumento de expresión emocional. Como explica Elena Gallego en el prólogo del libro “es una herramienta de los poetas para expresar, a través de la naturaleza o a veces prescindiendo de ella, sus sentimientos de desgarro, desesperación y de profunda soledad ante la sentencia de muerte que se acerca o su desamparo y terror ante la inmediatez de un bombardeo o las desastrosas y escalofriantes consecuencias de la guerra”. Es decir, el haiku evolucionó en ese medio siglo plagado de guerras del que hemos hablado más allá de la naturaleza.

Imagen de haijin Mori Ogai

Quienes eran los haijines de guerra

Resumiendo a grandes rasgos, podemos decir que los haijines o poetas del haiku de guerra se dividieron en dos clases, aquellos que alentaban el espíritu bélico e iban al campo de batalla ensalzando el valor y la lucha en el imperio del crisantemo como Masaoka Shiki y aquellos que sufrieron la visión de un pueblo y de una juventud destrozados por la espiral bélica en la que se veía el pueblo japonés inmerso.

Muchos de estos últimos vivieron en sus carnes la persecución y la censura, e incluso fueron arrestados, hay varios casos en 1937 varios autores de la revista Senryuujin por poemas como (La retirada del ejército/la espero con ilusión,/cargo el fusil de Nakayama Kamenboo) o en 1941 a diversos haijines de Shinkoo haiku (Haikus contracorriente). Una vertiente de la historia literaria nipona bastante desconocida más allá de sus fronteras.
Portada de Haikus de guerra de Seilo Ota y Elena Gallego

"Haikus contracorriente" y "Haikus imaginados"

Hemos mencionado el movimiento Shinko haiku, Haikus contracorriente, que coincidió en el tiempo con el Incidente de Manchuria. Fueron ellos los que plantearon el fin del kigo y la evolución de esta forma poética alejándolo de la naturaleza y dándole una vertiente más urbana que reflejaba la realidad del país. Su máximo exponente sería Tomizawa Kakio con su obra Lobos del cielo (1941)

También hay que recordar que había poesía imaginada, sobre cómo eran los enfrentamientos con el enemigo que no está exenta de polémica al estar basada en relatos ajenos como los de Saito Sanki y otra veraz que manaba del olor a sangre que bañó los campos de batallas. Sanki, como nos cuenta Ota, explicaba por qué escribía sobre la guerra sin haber estado en ella: “La guerra que siento es la misma en el frente o en la retaguardia o en la vida civil”. Al final del día es literatura, ficción, no es necesaria tanto vivir la realidad como tener la capacidad para extrapolar lo que es para quienes la vivieron ni el sentimiento de ella reside solo en su fragor.

Fotografía del haijin Takahama Kyoshi

Los mejores haikus de guerra

MATSUO BASHO (1644-94)

Hierbas de estío.

Rastros de sueños

de guerreros de antaño.

Natsukusa ya

tsuwamono domo ga

yume no ato

 

MORI OOGAI (1862-1922)

De las hierba de estío

en las puntas de las hojas,

la sangre se va oscureciendo.

Natsukusa no

hazue ni chishio

kuromi yuku

 

MASAOKA SHIKI (1867-1902)

Junta las diez mil

frentes humanas,

apreciando la luna.

Bannin no

hitai atsumuru

tsukimi kana

 

TAKAHAMA KYOSHI (1874-1959)

Otoño del país.

La fuerza ilimitada

sí que existe.

Kuni no aki

hakari shirarenu

chikara ari

 

Los llamados enemigos

ahora no existen.

Luna de otoño.

Teki to iu

mono ima wa nashi

aki no tsuki

 

SHIMADA SEIHOO (1882-1944)

En la calle,

aroma de crisantemo fluye,

día de despedida de soldados.

Gaitoo ni

kiku no ka nagare

hei wo okuru hi


MAEDA FURA (1884-1954)

Batalla ganada,

entre tanto silencio

está nevando.

Kachi-ikusa

kakumo shizuka ni

yuki fureri

 

Gran nevada primaveral.

La Fundación del país

avanza.

Haru ooyuki

chookoku no koto

susumu nari

 

SAITOO SANKI (1900-62)

Van los soldados,

en un tren negrísimo

subiendo.

Heitai ga

yuku makkuroi

kisha ni nori

 

HINO SHOOJOO (1901-56)

Con los ojos

atravesados por bala,

le hago sentarse.

Ryoogan wo

inukareshi hito wo

suwara-shimu

 

Campo de trigo verde.

A contraluz

un tanque viene.

Aomugi-hara

gyakkoo ni

sensha-tai kuru

 

TOMIZAWA KAKIO (1902-62)

Miserable esta capital

con estos escombros.

Arco iris invernal.

Aware kno

gareki no miyako

fuyu no niji

 

Gran rociada,

hombre con su vientre

rajado por sí mismo.

Ootsuyu ni

hara kakkirishi

otoko kana

 

HASEGAWA SOSEI (1907-46)

Oscura la noche fría,

acabada la batalla,

conservo la vida.

Kanya kurashi

tatakai sumite

inochi arinu

 

Pobre pueblo,

hasta el arroz helado

lo recibe en sus palmas.

Aware tani

iteshi ii sae

te ni ukuru

 

La luna declinó

al expirar

el soldado herido.

Tsuki ochinu

shoohei inochi

owari shi toki

 

Japón, frío,

dice el prisionero;

más frío tendrá.

Nippon wo

samushi to horyo

nao samukare

 

Como no hay agua,

nos vamos mascando

hojas de sorgo.

Mizu nakeraba

yukitsutsu kooryan no

ha wo kaminu

 

¡Devuélveme a mi hermano!

Al emperador,

bajo la luna maldigo.

Otooto wo

kaese tennoo wo

tsuki ni norou

 

FUJIKI KIYOKO (fechas desconocidas)

Murió en la guerra,

los treinta y dos

dientes tenía.

Senshi seri

sajuuni mai no

ha wo soroe

 

KATAYAMA TOOSI (1912-44)

A los cadáveres

las trompetas del cielo

no dejan de sonar.

Kabane ra ni

ten no rappa ga

nari-yamazu

 

Me dispara

un enemigo con quien

comparto el calor ardiente.

Ware wo utsu

teki to goosho wo

tomo ni seru

 

Ardiente la duna,

larga fila de soldados

entra en el cielo.

Sakyuu yake

nagaki hei-retsu

ten e iru

 

La muerte se acerca

en este rostro, pienso.

Es bueno morirse.

Shi no chikaki

kao to omoinu

shinu mo yoshi

 

Larga la oscuridad,

larga la oscuridad, la sangre

en la tierra helada.

Yami hisashi

yami hisashi chi ga

chi ni koori

 

Créditos de las fotografías

Wakizashi del periodo Edo de Chris 73

Kyoshi Takahama 

 

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