El nobel Kazuo Ishiguro no es japonés


Cuando hace unos días se anunció que el Nobel de Literatura 2017 se le había otorgado a Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954), el nombre pudo despistar a alguno, pero es el nuevo ganador es británico, aunque eso sí, nació en Japón. En este post descubriremos algunas de las claves de este autor ya universal:

Kazuo Ishiguro

Los amantes de la literatura nipona estaban algo tristes porque, un año más, Haruki Murakami era líder en las quinielas y una vez más se quedó sin ganar. No obstante, cualquiera que haya leído su libro De qué hablo cuando hablo de escribir sabe que a él este tema no le preocupa en absoluto. Su vida literaria le ha dado muchas satisfacciones, una de las que más aprecia, como comenta en mencionado libro, es que, en ocasiones, su trabajo es leído en Japón -ya sabemos que es uno de los países más lectores del mundo- por tres generaciones de una misma familia. ¿Puede una voz narrativa pedir más?

Kazuo Ishiguro, un Nobel fuera de la lista de favoritos

Volviendo al galardón que reconoce la universalidad literaria de unos pocos elegidos (sí eso es lo que hace el Nobel, evocar que hay autores que en su obra llegan a corazones y mentes de todo el mundo), la elección de Kazuo Ishiguro no será tan mediática como la de Bob Dylan (ganador del año pasado), pero no puede pasar desapercibida, más aún teniendo en cuenta que también toca la guitarra y compone canciones. 

Portadas de Nocturnos y Cuando fuimos huérfanos de Kazuo Ishiguro

Este escritor, que reconoce que habla japonés como un niño de cinco años -los que tenía cuando dejó Nagasaki-, algo joven según los estándares Nobel de Literatura, 62 años, y fuera de la lista de favoritos, lo ha recibido, según dice la Academia sueca, porque “en sus novelas de gran fuerza emocional, descubre el abismo bajo nuestro sentido ilusorio de conexión con el mundo”. No lo dicen, pero es bueno saber que su obra rezuma personalidades que buscan o se preguntan por su lugar en el mundo bastante más allá de trama. ¿Hay algo más universal que este sentimiento?

Decir sin escribir en la prosa de Ishiguro

Habiendo descubierto que nos proporcionará desazón, sensación inherente a estas búsquedas humanas llenas de memoria, tiempo y autoengaño, no queda ya más que mencionar sus libros -no destaca por ser prolífico-, todos ellos construidos en una prosa nada simple que algunos denominan “decir sin escribir”: Páli­da luz en las colinas (1982, Premio Winifred Holtby), Un artista del mundo flotante (1986, Premio Whitbread), Los restos del día (1989, Premio Booker), Los inconsolables (1995, Premio Cheltenham), Cuando fuimos huérfanos (2000), Nunca me abandones (2005, Premio Novela Europea Casi­no de Santiago) y El gigante enterrado (2015). Además de un libro de relatos, Nocturnos (2009). 

Portadas de Los restos del día y Nunca me abandones de Kazuo Ishiguro

Narrativa sin estilo japonés

Y, evidentemente, hay que destacar Los restos del día sobre la que se basó el filme Lo que queda del día (1993, James Ivory) que tanto impactó por sus silencios, miradas y emociones entrecortadas, por su contención emocional, y que hizo que, cuando se estrenó, más de uno se preguntará por qué un japonés escribía sobre mayordomos británicos en una época en que Ishiguro no era muy conocido más allá de la isla. Hoy ya sabemos el porqué, porque no lo era. 

En 1990, preguntado sobre si escritura era de estilo japonés dijo: “Si escribiera bajo seudónimo y otra persona posara para la foto de la cubierta del libro, estoy seguro de que nadie diría ‘Este tío me recuerda a un escritor japonés’”. No es extraño, después de todo cuando publicó su primer libro la idea que él tenía de Japón era más imaginaria que real, este licenciado en Filología Inglesa y Filosofía y Máster en Escritura Creativa llevaba décadas sin calentarse con el sol naciente. Aunque, a día de hoy, no niega que el país de su más temprana niñez le ha influido, como explica en la entrevista de Carlos Fresneda en el periódico El Mundo con motivo del Nobel: "Tengo mayor tendencia a la calma que al circo, y en eso se nota quizás la influencia de haber nacido en una familia japonesa y de ver las cosas de otra manera”.

Portadas de Palida luz en las colinas y Un artista del mundo flotante de Kazuo Ishiguro

La globalización cultural a través de Katsuo Ishiguro

Kazuo Ishiguro representa la globalización cultural y humana del mundo en que vivimos, el mestizaje de sangre, mente, alma y cuerpo, en el que las personas viajan, conocen, se mudan, vuelven y van y, en ese devenir, distintas culturas se cruzan dentro de ellos para ofrecer un discurso, en este caso narrativo, que nos resulta tremendamente enriquecedor a todos. No es la primera vez que lo vemos, va más allá de los libros, está en la cocina, en el fútbol, la música, el mercado de abastos o la ropa. Por eso, a los que disfrutan de la buena literatura, en realidad, les da igual de Kazuo Ishiguro no sea japonés.


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