5 películas japonesas sobre comida


Si se ama el cine y la comida japonesa, habrá que ver películas que aúnen estas pasiones, por eso en hemos seleccionado cinco para descubrir relajadamente algunos secretos de la culinaria nipona. No solo sushi, porque, aunque a veces lo olvidemos, es mucho más que mucho más que estos bocados, pero no nos olvidamos de él e incluimos el documental más emblemático de los últimos tiempos. Hay para elegir desde cómo hacer un ramen perfecto a una sopa, pasando por unos dorayakis y la cocina del periodo Edo. Es una selección variada en la que lo mismo se puede optar por un documental que por una comedia romántica, todo vale a la hora de descubrir y aprender sobre este prodigioso mundo:

Fotograma de la película japonesa el cocinero samurai

Jiro, sueños de sushi

Director: David Gelb. (2011). Para hablar sobre gastronomía nipona… no hay que ser japonés, tampoco para hacer películas sobre el tema. Esta es la primera muestra: un documental ya de culto en el que el estadounidense Gelb retrata el día a día del restaurante Sukiyabashi Jiro, donde oficia el maestro Jiro Ono (1925). Este sushiman, considerado por muchos el mejor del mundo, lidera un restaurante para 10 personas en el metro de Tokio que detenta tres estrellas Michelin. Su vida se ha desarrollado por y para el sushi, obsesionado con él, con los nuevos platos, con el trabajo, con la búsqueda de mejorar en todo… con el único afán de lograr la pieza de sushi perfecta. Por ello ha recibido en Japón el título de Ningen Kokuhō, es decir, “Tesoro Nacional Viviente”. Cocinero, pero también padre, patriarca… que ha pagado un peaje en su vida familiar, pasada y presente -su alargada sombra parece que quita la luz a su heredero…-. Y es que este trabajo audiovisual cuenta la historia de un chef, que pese a lo que se pueda pensar en una época de mitos, es un ser humano con sus virtudes y flaquezas.

Una pastelería en Tokio

Directora: Naomi Kawase. (2015). No es una película gastronómica al uso, es decir, la comida lejos de ser la protagonista se convierte en el “ruido de fondo” de una trama más profunda y compleja. Mientras nos cuenta como hacer unos dorayakis maravillosos -pastelitos rellenos de salsa de alubias o anko-, descubrimos tres generaciones enfrentándose a la vida y sus problemas que son la esencia del filme en forma de soledad, búsqueda de compañía, ansias por sentirse útil o lucha personal por arraigarse. No obstante, el filme se convierte en un bello escaparate de cómo son esos pequeños puestos/tiendas de comida en Japón. Si ya se conoce a la directora, se observará un giro en su narrativa cinematográfica, aquella de Aguas tranquilas (2014) o El bosque de luto (2007), pero quizá era necesaria para trabajar con esta historia que no era propia ya que el filme está basado en el libro publicado por Durian Sukegawa que gira en torno a un encargado de pastelería, Sentaro; una anciana que quiere trabajar, Tokue, y una niña que busca una familia.

Tampopo

Director: Juzo Itami. (1985) .Muy encumbrado fuera del archipiélago, curiosamente se promocionó como “ramen western” -en clara referencia a las de Almería-. Más allá de la comicidad -muy nipona-, es un must: desgrana el mundo del ramen a través del aprendizaje de una cocinera, Tampopo. Ella es una mujer que junto a un camionero y su colega va a intentar convertir la peor sopa de fideos del mundo en la mejor y para ello comienza comienza un viaje iniciático al plato. Así, el espectador descubrirá qué es realmente un ramen. Como no podía ser de otra forma con Itami, la película va más allá e introduce una serie de tramas secundarias algo eclécticas, gastroéroticas, que se convierten en la vía a través de la cual el director cumple con su anhelo inicial de realizar un filme que mostrara los comportamientos humanos hacia la comida y cómo los apetitos quedan distorsionados por la convenciones sociales.

El samurái cocinero: una historia de amor real

Director: Yuzo Asahara. (2013) . En realidad esta película se llama Bushi no kondate, que significa “el menú del samurái”, lo que es, sin lugar a dudas, un título mucho mejor para esta historia que tiene lugar en el periodo Edo, en el siglo XVIII. Por aquel entonces había algunos samuráis que, en vez de coger la espada cogían los cuchillos, para convertirse en chefs de sus señores. La trama se centra entorno a un joven, que por el fatal destino de su hermano mayor debe hacerse cocinero renunciando a la espada para matar enemigos, y la esposa que su padre ha elegido para él, una gran cocinera. El resto en la línea romántica es imaginable, él no la ama, ella quiere que le ame… Lo interesante es la buena recreación del momento histórico y los secretos culinarios de la época -al parecer, las recetas son auténticas-. Nos gusta ver cómo lavar un arroz; cómo debemos hacer el corte de un pescado tosco o suave para provocar distintas sensaciones; por qué los productos cercanos, bien utilizados, resaltan los sabores mejor que cualquiera exótico y cómo el equilibrio en los ingredientes es la clave de un buen plato. Al parecer está inspirado en la historia de la familia Kaga, una institución nipona en la materia. 

Ten no shizuku: Tatsumi Yoshiko inochi no soup

Director: Atsunori Kawamura. (2012). Si simplificáramos mucho la temática diríamos que es un documental sobre una mujer que hace una sopita, pero es que hasta para hacerlo una buena, hay que saber. Cuando colaboró con el documental Yoshiko Tatsumi tenía 88 años y era conocida por la elaboración de un caldo a su padre moribundo que pasó a llamarse “la sopa de la vida”. Tatsumi da clases para hacerlo a personas ávidas de aprender a hacer algo excepcional, de hecho, en el documental, por ejemplo, aprendemos cosas como que “hace sudar a las verduras” para potenciar el umami o que la clave es siempre tener los mejores ingredientes que busca directamente de los agricultores. Y, entrelazados con su conocimientos, veremos como los vapores la harán reflexionar sobre la vida, el tiempo pasado y aquellos días en los que la gente vivía no sabemos si en paz como dice, pero sí de forma mucho más sencilla. Muy nostálgico y traslada perfectamente ese sentimiento que normalmente conocemos como la “magdalena de Proust”, ese viaje mental en el tiempo, a espacios pasados... ¿Mejores?. 


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